El dinero que se emplea en la conservación y mantenimiento de las calzadas no es un gasto, es una inversión en seguridad viaria y en la mejora del espacio público. Además, implica beneficios colaterales como es conseguir una mayor movilidad y conectividad de las calles.
En Santa Coloma están en marcha actualmente diversos proyectos de remodelación de las principales arterias de la ciudad y, a la vez, seguimos haciendo mantenimiento de aquellas vías más pequeñas que lo necesitan por el paso del tiempo y su uso masivo. Estas mejoras no son solo una obligación de la Administración pública, sino que se engloban en un modelo de ciudad más accesible y amable. Con el asfaltado de estas doce calles y en breve seis más, y con la mejora de la señalización vertical y horizontal, se van a favorecer los desplazamientos y a minimizar los riesgos de accidentes al volante y como peatones.
Esta nueva medida es una prueba más de que, desde el equipo de gobierno que presido, nos preocupamos por conseguir una ciudad más confortable y segura. Todo suma, no solo los macroproyectos de ciudad, sino aquellas medidas con las que se da respuesta a los problemas del día a día de los y las colomenses. Solo me queda pediros un poco de paciencia y comprensión por las molestias que generan este tipo de actuaciones, pero los resultados después compensan.